Escápate / Guías de viaje

Visité Marruecos en agosto y no morí achicharrada

Era nuestro segundo viaje juntos y queríamos hacer algo diferente, así que tecleamos en el buscador de vuelos de Madrid a Cualquier parte y uno de los destinos más baratos (que tampoco nos íbamos a dejar todos los ahorros…) era Marrakech. Así que lo reservamos y empezamos a mirar hostales (o riads, como los llaman allí), y a meter pantalones cagones en la maleta -no sé, por eso de que se los compré a los propios marroquíes en un puestecillo de Ibiza.

DSC03197El aeropuerto de Marrakech, iluminado por fuera, fue la única foto del primer día. Era de noche y sólo queríamos dejar las maletas y dormir. Nos quedamos en Hostel Riad Marrakech Rouge, al cual nos acercaron en taxi por menos de 15 dirham (unos 1.5€) desde el aeropuerto, llevándonos por calles estrechísimas y oscuras. Ofrecían té gratis todo el día y un desayuno muy rico. Además, tenían una terraza en el piso más alto desde donde podías divisar todos los tejados y azoteas de la ciudad, con sus correspondientes antenas parabólicas… además de la luna y la Koutoubia (la mezquita principal). Pero vamos, ya podrían poner agua templada en las duchas.

DSC03879Más tarde agradeceríamos esos chorros de agua helada, pues nos plantamos en la céntrica Place Jemaa El-Fnaa a 50ºC, donde casi nos atropella una moto, lo cual parece ser de lo más normal porque nadie se alarmó. Eso sí, si eres sensible al maltrato animal (y lo digo en serio), no te acerques a esta plaza… porque verás desde burros cargados, a encantadores de serpientes o espectáculos callejeros con monos incluidos. Eso sí, también hay tatuadoras de henna y tropecientos puestos de zumos de naranja naturales, exprimidos a la más vieja usanza pero riquísimos y a unos 0.20€ al cambio. Y la verdad es que prefería eso a beber accidentalmente agua no potable. Un neozelandés de nuestro hostal, que estaba viajando por Europa y parte de África con su mochila, se puso malísimo por beber de una botella comprada en un safari que se supone era nueva pero la habían rellenado. Ya ves tú la gracia…

DSC03831Por supuesto se me quitaron las ganas de ir de safari. Seguimos caminando y visitamos el Palacio Bahia y la Medersa Ben Youssef (con su patio, su fuente, y las 132 habitaciones donde solían vivir los estudiantes), que creada a mitad del siglo XVI para estudio y meditación, llegó a ser la escuela coránica más grande de Marruecos. Todo bajo ese sol achicharrante. Y en el medio de la calle, un señor, que debió vernos un poco perdidos con el mapa que no se correspondía muy bien a las calles que realmente existían, nos llevó a un sitio muy chulo. En realidad no nos entendíamos el uno al otro, más bien nos dejamos llevar.

DSC03862Terminamos en el lugar donde tiñen las telas a mano con tintes 100% naturales. No puedo expresar con palabras lo MAL que olía ese sitio. El señor nos explicó todo el proceso en una mezcla de inglés, francés y español, y después nos llevó a la tienda de su amigo (o primo, o hermano, o vete tú a saber…) para que le comprásemos algo a cambio de su speech informativo. Nos empezó a sacar alfombras, babuchas… Y nosotros íbamos asintiendo con la cabeza en plan “Wow, increíble todo, ahora déjame ir”. Pero en realidad él estaba jugando a “Si asiente, es que se lo lleva”. Y al final, después de mucho comernos la cabeza, le regateé un puff de esos para sentarse, de cuero teñido de color fucsia y un bordado artesanal que llamaba la atención. Muy bonito, pero aparte de que dejó un olor a cuero en la maleta impresionante, no lo he utilizado nunca.

DSC03579Volvimos al centro y la Place Jemaa El-Fnaa se había convertido en un escenario repleto de restaurantes ambulantes de comida rápida donde te paran para enseñarte sus menús y convencerte de que su puesto es mejor que el de al lado. Un chico que trabajaba en uno de ellos, me vio con cara de española y afirmó ser Antonio Banderas. Me convenció. Así que cenamos ahí mismo. Un aplauso para el chaval, por creativo.

DSC03845_Al día siguiente, otra ola de calor nos abofetearía la cara desde por la mañana. Menos mal que sólo era el calor, porque vimos un par de peleas por ahí. Más tarde nos explicarían que estaban con el Ramadán y que como no podían beber ni comer nada hasta las 19.00h, se entretenían pegándose. Palabras textuales. Así que no, no fue la única pelea que presenciamos. Supongo que si te aburres mucho mucho y no puedes ni comer ni beber, pues te montas un mercadillo de sishas, babuchas, pendientes, cucharas… o especias, o te pegas con alguien y ya está.

Íbamos andando por la calle y un hombre se ofreció a llevarnos a su casa. Así, como te lo digo. Se hacía pasar por un “doctor de especias” y tenía en su casa, además de 3 ó 4 hijos durmiendo en un colchón en el suelo, un montón de postales de todas partes del mundo y… ESPECIAS. Por algún motivo se pensó que estábamos “especialmente” interesados en comprarle 3 botes, así que fue toda una experiencia tratar de huir educadamente.

DSC03719_Callejeamos por el zoco entre los puestos con olor a incienso y abarrotados de ropa colorida y demás, y después cogimos un “carrumaco” hacia la zona nueva de Marrakech. Aquí, además del McDonald’s y tiendas de ropa, también está el Jardin Majorelle. Yo mientras, cual turista, iba haciendo fotos, cuando me di cuenta de que un niño pequeño (y descalzo) iba enganchado al carruaje por la parte trasera. No era el primer niño que veía “sacándose las castañas del fuego” él solo. Ya me había cruzado con unos cuantos que vendían kleenex. Y el burro paró a la entrada del jardín (el cual vale unos 3€ al cambio, un poco caro acostumbrados a regatearlo todo). Tiene un montón de plantas exóticas y estanques, además del rinconcito dedicado a Yves Saint Laurent, que encontró este lugar inspirador. Por supuesto, y con ese calor, había cacti (atención, que sé latín) por todas partes.

Así que desde aquí decidimos comer en un restaurante italiano de la zona. Sí, por eso de probar el cuscús y los platos típicos marroquíes… (es broma). Fue más que nada para refugiarnos del calor, pero casualmente el AC estaba estropeado. A la encargada no se le ocurrió otra cosa que compensarnos con un cacharro de esos limpiacristales y empezó a enchufarnos con el spray ese por toda la cara… Y yo cruzando los dedos porque fuera agua. Aunque todavía no habíamos escuchado ningún caso de cagalera por ingerir limpiacristales y el neozelandés seguía sufriendo.

La mujer nos refrescó hasta los espaguettis pero no era suficiente. A la salida del restaurante, nos dirigimos a un hotel (una pena que no recuerde el nombre) súper pijo. Todo porque nos dijeron que podías pagar para bañarte en su piscina, aunque no tuvieras reserva en el hotel. El caso es que entramos, y con nuestras pintas de turista… no nos preguntaron nada y nos bañamos gratis. Y la piscina era nuestra, no había nadie más. Qué rebeldes, ¿no? 😛 Nos vestimos y nos dirigimos a la Place Jemaa El-Fnaa de nuevo, donde cenamos todas las noches.

DSC03543Más refrescados que los días anteriores, llegamos al hostal y preguntamos al chico de recepción por excursiones para el día siguiente. “-¿Quieren ir al desierto?” -NI LOCA. Tenía muchas ganas de montar en camello pero no, gracias. Ya me había salido una ampolla en el pie de lo que me sudaban (sí, soy así de romántica, y por supuesto, tampoco era el calzado adecuado), así que optamos por algo diferente. A la mañana siguiente, un taxi nos esperaría a la puerta del hostal para llevarnos a un pueblo bereber a unos 50km de Marrakech. La excursión al Valle de l’Ourika, en el Alto Atlas, empezaba con Omar, nuestro chófer, acompañándonos a una de las típicas casas bereberes, cuyo guía era el dueño. Por supuesto, también tenían una tienda de souvenirs al lado, donde compramos un par de cucharas oxidadas por educación.

DSC03386_Después nos montamos de nuevo en el taxi, con tapicería de vaca amoquetada, y Omar nos llevaría a Setti Fatma, otro pueblo bereber pero mucho más grande. Por lo visto la diversión es “quedar en el río”. Tenían un riachuelo en el medio con un montón de puentecitos inestables hechos con desiguales tablas de madera, y gente por todas partes. Vimos restaurantes incluso en el agua. Aquí, el taxista nos presentó a nuestro guía Mohammed, que nos acompañaría a la cima de la montaña hasta llegar a las Siete Cascadas. Había mercadillos a lo alto de la montaña, en el medio de la nada, además de pastores con sus rebaños. Parecía imposible, pero finalmente llegamos a la primera de las cascadas. Hacía tanto calor que tuvimos que bañarnos, aunque el agua estaba CONGELADA. Mi ampolla no mejoró nada con esta excursión, pero estuvo bastante bien.

DSC03274 (2)Terminaríamos nuestra visita acercándonos a la mezquita Koutoubia de noche (un clon de la Giralda de Sevilla, por cierto), de vuelta en Marrakech. Dimos una vuelta por la plaza hasta que nos echaron a las 20.00h. Aquí vería por primera vez a tanto musulmán rezando al mismo tiempo. Descalzos, los hombres rezarían a un lado, y las mujeres a otro -bastante más pequeño y vallado. Otra experiencia más para este viaje tan peculiar y diferente a todo lo visto hasta ahora. Te lo recomiendo.

Si te ha gustado, me haría mucha ilu que me dejaras un comentario. Y que compartieras, ya por pedir…

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