Reflexiones·The Mamas & The Papas

El día que decidí cortarme el pelo

Antes de nada, he de puntualizar que debemos ser la única familia del barrio con sólo un coche. Así que cuando mi marido se va a trabajar, la zona “más viva” de la ciudad a la que podemos llegar a pie es el parque de enfrente de casa.

Voy a dejar de quejarme un momentito para hablaros de cuánto me creció el pelo tras el segundo embarazo (gracias a las vitaminas prenatales): Mucho. Pero ya tocaba sanearlo, y con dos niños que requieren atención constante (ya me estoy quejando otra vez), no encontraba el momento para ir a la peluquería. Y que coincidiera con tener el coche disponible, claro.

Soñaba con ese momento como si fueran vacaciones. Quería desconectar. Tener una horita para mí, que me lavaran la cabeza y sentir las yemas de los dedos masajearme el pelo desde la raíz hasta las puntas al aplicarme el acondicionador. Quitarme la coleta dichosa por fin, y poder disfrutar del peinado un par de días. Incluso las ojeras quedarían en segundo plano con un corte de pelo.

Una tarde abriendo el correo, iba pasando una carta tras otra (la mayoría, facturas) y amontonando los sobres en la mesa de la cocina. Deshaciéndome a su vez de la propaganda, vi que uno de los panfletos contenía $5 de descuento en la peluquería del centro comercial. Era una señal.

“-Mañana mismo voy a cortarme el pelo” afirmé en voz alta. Pero entre unas cosas y otras, se hizo tarde y lo dejé para el día siguiente. Tranquilamente, sin prisas.

“-Esta tarde voy a la pelu” me dije a mí misma al día siguiente, tratando de programarlo con el resto de quehaceres. Pasé el día ilusionada, sabiendo que ese momento llegaría. Pero para cuando tuve a mi marido el coche de vuelta, teníamos que ir a comprar comida casi con urgencia (así somos, no hay leche para desayunarrrr). Y se hizo de noche, por lo que lo dejé para otro día. Y así pasaron un par de días, hasta que mi marido me dijo “-Ve el fin de semana, cuando los niños estén en la siesta”. ¿El único momento del día en el que estoy relajada? No, gracias. Si quiero ir a la peluquería es precisamente para huir tener un momento extra para MÍ del que normalmente no dispongo.

“-Prefiero esperar a tener un huequito otro día” le dije.

Una mañana de otoño, nos despertamos con un día precioso soleado. Las hojas de los árboles se fundían a 5 metros desde el suelo fusionando sus rojos, verdes y amarillos con el azul del cielo. Una explosión de color que las palabras no pueden describir.

“-Corre, hazme una foto”. Había que contrastar el antes y el después. ¡Qué ilusión! Se llevó a los niños al parque y yo salté dentro del coche como si no hubiera mañana (realmente, llegué a dudarlo).

Me había echado hasta rimmel, yo que no suelo maquillarme. Andaba decidida por el centro comercial, con la peluquería ubicada y sin quitarle la mirada de encima. “-Esta vez no te me escapas” pensé mientras me acercaba al fondo de la planta. Lucky me, había cuatro peluqueras charlando unas con otras, pues no había más clientela que yo. Con mi melena.

Me sentaron en una silla frente al espejo y me pusieron una capa atada con velcro al cuello, mientras me piropeaban mi ondulado pelo virgen. No me refiero a que lo tenga completamente salvaje, sino que no me tiño, no uso secador… Ni siquiera me lo cepillo. Sólo me lo aliso en ocasiones especiales. Y no quería nada más complicado que un corte recto para sanearlo, sin capas ni flequillo. Fácil y sencillo.

Sin dejar de sonreír, cogió unas tijeras y empezó a cortar. “-Two inches?”. Asentí con la cabeza. Realmente no sabía ni cuánto eran dos pulgadas en centímetros, ni cuánto más necesitaba para sanearlo, así que lo dejé en manos de la profesional. Eso sí, ni champú, ni acondicionador, ni pinzas, ni secador… ni un spray para humedecer el pelo un poco o algo, no sé. Tras 5 minutos de reloj, me acerca un espejo de mano para apreciar su maravillosa obra de arte corte de pelo por detrás. Me quita la capa de encima y me acompaña a la salida. Atónita, le entregué el cupón de descuento  y pasé la tarjeta por el lector. Me temblaba el pulso de pensar que encima, estaba firmando un ticket donde ponía “Tip”. ¿Tip? ¿Tiiiip? Como madre que soy, pensé para mis adentros: “-Ni tip ni tap”. Lo bueno de ser española es que me puedo hacer la loca,  vaya si lo hice. Ella, a cambio, y aún sonriente incluso sin haberle dejado propina, me da otro cupón para la próxima vez. ¡Ja! Próxima vez…

En fin, es cierto que quizás, mi deseo por salir de casa y evadirme de la rutina hizo que terminara en la primera peluquería que se cruzó en mi camino. Sin duda, bastante menos profesional que un salón de belleza. Por lo menos mi hijo mayor se alegró de ver a mami de vuelta, tras 15 laaaargos minutos desde que me fui.

Volví a hacerme una coleta (mi coleta) y pensé que realmente, no necesito más momentos para mí que el que me da este pequeño hombrecito, que ni siquiera se ha fijado en los trasquilones.

Anuncios

Un comentario sobre “El día que decidí cortarme el pelo

  1. Tía , nos hacemos mayores… facturas, 1 coche viviendo en el fin del mundo, una cultura que no compartes y a veces ni entiendes… dónde quedaron esos años de fiestas en la facultad en los que la mayor responsabilidad era pasar un examen (para el que no estudiabas porque preferías irte de fiesta). Sigue escribiendo!

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s