Educación·Reflexiones

El ‘Halloween’ no da miedo

pickupSe acercaba Halloween y aquí es tradición la decoración con calabazas -algo que ya no es tan único, pues está extendido en otros países también. Nos metimos en el coche y fuimos a un campo donde las plantan exclusivamente para tallarlas y no para comerlas -aunque hay gente que asa las semillas. Las había de diferentes formas y tamaños. Mi Lucas eligió la suya propia, tan grande como un puño mío… Luego se deprimió un poco al ver a otro niño con una calabaza que ni entre su padre y él podían con ella…

halloween3Una vez de vuelta en casa, vino la parte divertida. Se le hace un agujero en la base (según los expertos, porque yo le habría quitado el pitorrito de arriba) para sacar todos los adentros con una cuchara y poder poner una vela en su lugar (¡uuuuhhh…!). Y he de decir que esto de divertido tiene poco… De hecho, recomiendan cubrir con periódicos (o algo parecido) la superficie donde las estés vaciando porque las calabazas tienen guarrería por dentro para dar y tomar y se pone todo perdido (wow, hablo como una auténtica madre, ¿eh?). Es una mezcla de semillas con una pasta viscosa naranja que las cubre. Un asco. No me quería imaginar aquel niño de la calabaza gigante, lo “bien” que se lo estaría pasando ahora mismo… ¡Toma! Lucas 1 – 0 Niño.

halloween2Cuando por fin tuvimos la calabaza limpia por dentro, la tallamos y quedó bastante bien, así que la pusimos afuera a la entrada de la casa. ¡Qué ilusión! Ya formábamos parte de “aquellas casas decoradas”, aunque fuera en versión amateur. Y es que hay vecinos que parece que se pican entre ellos a ver quién se deja más pasta en brujas hinchables, zombies resurgiendo de sus jardines, tarántulas cubriendo árboles enteros con sus telas… En fin, nos queda claro quién manda en el barrio. Me rindo.

Al día siguiente, según salí de casa, noté que mi calabaza estaba un poco deforme. Me acerqué un poco más y me di cuenta de que estaba llena de marcas de dientes por todas partes. ¡Un conejo (o un mapache, vete tú a saber…) había intentado comérsela! Y sin pedir permiso ni nada, con lo educados que son todos por aquí. Si lo llego a saber, la habría dejado fuera desde el principio para que se deshicieran de las semillas también, ya que están… ¡Puaj!

Lo siguiente fue encontrar disfraces para los niños. Recuerdo un Halloween que celebramos en Suiza hace unos años, antes de convertirnos en padres aburridos y tal, donde me disfracé de Miércoles (la niña siniestra de “La Familia Adams”) con mis ojeras, etc. Y mi marido fue vestido de “Indiana Jones antes de correr por encima de los trenes”, o sea, impecable. Claro, llegamos a la fiesta y la única que daba miedo era yo. Y es que en España, cuanto más pálida estés y más sangre tengas, mejor. Hasta los niños van vestidos de vampiros y brujas al colegio, con un montón de maquillaje que les hace irreconocibles. Porque en eso consiste Halloween, ¿no?

Aquí no. En Estados Unidos es diferente. Es una oportunidad para vestirte de cualquier cosa (como nuestros Carnavales, vaya), y no tiene que ser necesariamente macabro.

halloween_cristinaserranoFuimos al centro comercial y todos los disfraces para los peques de la casa iban entre $20 y $50, según fueran más cutres o de Disney más elaborados. ¡Qué barbaridad! Así que lo único que terminamos comprando  fue un sombrero de cowboy por $6 (el de araña fue un regalo de una amiga) y el resto… como les ves en la foto. Eso sí, en chucherías nos dejamos $50. Cincuenta pavazos.

halloween4Previamente habíamos mirado en internet cuándo era el “trick or treat”, porque dependiendo de la ciudad, se celebra un día u otro y a una hora u otra. En nuestra zona era el mismo día 31 de  octubre, de 17.30h a 19.30h. Ya estábamos listos. Dejamos las chuches fuera para que se sirvieran los que viniesen, pues dejábamos la casa vacía. Y empezamos a llamar a los timbres de unas cuantas casas. Era su primer “trick or treat”, pero también el mío. No nos fuimos hasta que la cestita se llenó. Todos abrían la puerta; y todos tenían sonrisas y dulces preparados. Hacía frío pero fue divertido.

Casi nunca le damos dulces porque queremos alimentarle de forma sana (o sea, ¿vale?), pero tras haber conseguido llenar la cesta gracias a esa sonrisa de cowboy, le dejamos disfrutar por un día. Bueno, algunos caramelos no son aptos para niños de su edad así que, muy a mi pesar, le tuve que ayudar… Y cuando le retiramos las chuches… Lloró (surprise!). Lo que me recuerda a este vídeo, aunque lloran porque se supone que mami se las ha comido todas, directamente:

healthy_halloween
¿Tienes chuches sin gluten? ¿Tienes chocolate vegano? No puedo comer nueces. Sólo orgánico. Tengo alergia al turrón. Soy intolerante a la lactosa. Tengo fobia al caramelo. ¿Chuches de género neutro?

Si las metiéramos todas en la calabaza gigante de aquel niño, se quedaría pequeña. Así que no, Halloween ya no da miedo. Son los precios de los disfraces y todos esos dulces lo que me alarman… Claro que, tampoco hay que ser extremista:

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