Embarazo·Reflexiones

¿Es posible querer a tu 2º hijo tanto como al 1º?

Tras leer este artículo en Huffington Post – Parents, me he sentido tan identificada que me han obligado a comentar… Y como cada vez que comento, escribo un libro, he decidido dedicarle un post a este tema, directamente.

Mi hijo el mayor tenía justo un año y medio aquella mañana en la que decidí darle un paseo hasta la farmacia y comprar un test de embarazo. Sé que no suena muy divertido para él, pero yo no cabía de la emoción. Empujaba su carrito aguantándome la primera orina del día (uy, qué fina), por eso de que al estar más concentrada es más fácil detectar la hormona hCG, característica del embarazo. En cuanto volvimos a casa, le puse a dormir la siesta y aproveché que papi estaba trabajando para hacerme la prueba sin interrupciones.

Habíamos esperado este momento durante 3 largos meses (y eso que mi ginecólogo me había advertido que podría tardar incluso años), pero nunca había tenido ninguna falta hasta entonces. Coloqué el test sobre la encimera del cuarto de baño, crucé los dedos y esperé -decía que podría tardar varios minutos pero en sólo unos segundos esas dos rayitas azules se dejaron ver. Miré las instrucciones por vigésima vez y efectivamente una raya significaba “No, sigue rascando” y dos rayas “Está usted encinta”. Y amigas, existen los “falsos negativos”, pero NO los “falsos positivos” (aunque una de las rayitas no se vea tan clara como la otra), así que era oficial: estaba embarazada. ¡Globos! ¡Confeti! ¡Fuegos artificiales! Bueno, luego, que está el otro dormido…

week20_Pero según pasaban los meses me preguntaba “¿Cómo voy a querer a este bebé tanto como al rey de la casa?”. Entre tú y yo, no creí que fuera posible. Aprovechaba cada minuto de su vida como “hijo único”: Dormíamos juntos, me le llevaba a tomar café con mis amigas (y a todas partes, aunque la gente fuera sin niños), nos tirábamos por el tobogán juntos… En fin, todo. Mi pequeño aún me necesitaba, y a mí me encantaba que fuera tan dependiente de mami. Pero nos enfrentábamos a un cambio. Y todas esas ganas de tener un segundo bebé se veían mezcladas con la idea de que mi tiempo iba a estar dividido y que probablemente mi atención se iba a centrar en el nuevo, en vez de solamente en el que, hasta ahora, la había tenido toda para él. ¿Cómo lo voy a hacer? week34

La respuesta vino el día que nació y me lo pusieron encima de mi pecho. No podía verle claramente porque las lágrimas me lo impedían, pero aún borroso, sé cómo me devolvía la mirada. La misma mirada que me dio su hermano dos años y tres meses atrás. Esa mirada de “Mami, ya estoy aquí. Ya podemos abrazarnos”.

Sí. Era posible. Le quería tanto como al primero,  y sólo nos acabábamos de conocer.

lucasmeetingthomasY cuando el “hermano mayor” entró por la puerta de la habitación del hospital… Dios mío. De la noche a la mañana se había convertido en un niño grande, sentado a mi lado y asomándose para ver a su hermanito. Sinceramente, no cabía más amor en esa habitación…

Como bien dicen, somos padres diferentes con cada hijo que tenemos, y con éste vemos la vida de otra manera. Con el primero tenía bastantes más preocupaciones, dudas, miedos, inseguridades, inquietudes… Hasta que nos acostumbramos a ese pequeño cambio en nuestras vidas. Con el segundo, y aunque cada bebé sea un mundo, supimos cómo actuar desde el principio.

Por otro lado, el mayor fue, además, el primer nieto para mis padres. El día que nació se convirtió automáticamente en el centro de atención. Todas sus necesidades se veían cumplidas en un abrir y cerrar de ojos, a él iban dirigidas todas las fotografías. ¡Y los piropos! (Hey, ¿y la madre no está guapa hoy o qué?). El nuevo, sin embargo, había nacido en un mundo donde sus necesidades no eran las únicas, pues competía con las de su hermano. Y no sólo eso, sino que la mayoría de las veces las fotos eran de los dos y no necesariamente de él solo. De hecho, no tenía nada que fuera suyo, pues la cuna, los juguetes y la ropa ya habían tenido otros dueños antes de que las usara él. Por no hablar del dormir, que se ha convertido en algo extraordinario desde que la casa es un auténtico gallinero cuando el mayor está despierto.

Eso sí, desde que llegó a nuestras vidas, disfrutamos de cada pequeño detalle, igual que cuando nació el primero pero ahora con más ojeras. Hasta cambiarle el pañal es algo que merece ser documentado -de lo cual no disfrutamos tanto una vez se convierten en auténticos truños de niño de 2 años, ¿verdad?

IMG_20141028_173020Pero sobre todo, nos encanta verles interactuar, y cómo están aprendiendo a conocerse y a tenerse presentes el uno al otro. Cómo el pequeño le sigue con la mirada al mayor y se calma cuando juega cerca de él. Y cómo el mayor observa atónito los movimientos (para él, nuevos) del pequeño y se acerca tímidamente a tocarle la nariz, las orejas, los deditos… y le da besos en la frente cuando se pone a llorar.

No sólo quiero al segundo tanto como al primero, sino que me alegro de haberle dado al mayor alguien con el que jugar, y al pequeño la virtud de tener un hermano protector que no sólo será eso, sino su compañero y amigo para el resto de sus vidas.

thomaslucas3nov2014

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4 comentarios sobre “¿Es posible querer a tu 2º hijo tanto como al 1º?

  1. Cris me encanta! Ya había leído el artículo y ahora tú post y no puedo estar más de acuerdo. Estabamos deseando darle un hermanit@ a Aitor y una vez que me quedé embarazada tenía miedo…no sabía si sería capaz de querer tanto al nuevo bebé como quería a Aitor…él era mi bebe, el niño de mis ojos, pero al nacer Mario …. me di cuenta de que tenia amor de madre de sobra para mis dos niños!! Y cada día más y más. Muero de amor cada vez que les veo juntos, Mario esta impresionado con su hermano, no le quita ojo, le mira fascinado, y Aitor “a la fuerza” se ha hecho mayor, ejerce como el hermano mayor que es con sólo 2 años, en muchas ocasiones me deja con la boca abierta.
    Ayer vi una entrevista que hicieron a Maria Belón, superviviente del tsunami de 2004, y le preguntaron si tenía fe, a lo que ella respondió que sí, que tenía fe en el amor, en el amor que mueve montañas. Me encantó! Después de tener a mi 2° hijo me dí cuenta que es posible….. Supongo que también para un tercero!

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