Embarazo·The Mamas & The Papas

Una carta a mi “yo antes de ser madre”

Oh, mamá. Ahí estás en el pasillo de los pañales del supermercado, comiéndote unas palomitas y sujetando la bebida entre el brazo y tu barriga gestante. Observando ocho tipos diferentes de toallitas tratando de tomar una decisión impactante en la vida del bebé que aún no ha nacido: con esencia vs. sin esencia, orgánicas vs. no orgánicas, de marca vs. genéricas.

Frunces el ceño al ver por encima del hombro todas las otras opciones que te están mirando —pañales, cubos para pañales, bolsas para los cubos de pañales, cremas para los roces de los pañales. Todos los productos, perfectamente alineados en la estantería, se burlan de ti. Se burlan de todas las madres.

“¡Elígeme! ¡Elígeme a mí!” gritan, tratando de llamar tu atención entre palomita y palomita.

Y lo que realmente quiero hacer es cogerte de los hombros y gritarte (o susurrarte dulcemente): No importa. Nada de eso importa. No pasa nada si no tienes ni idea de lo que estás haciendo o comprando porque te voy a contar un secreto: Nadie lo sabe.

Nadie sabe qué hacer cuando trae su primer bebé al mundo. No tenemos ni idea y tememos hacerlo mal. Y aquí estamos atrapados en este amor recién encontrado que lo consume todo, intentando averiguar día a día, error tras error, y en cada viaje al supermercado.

Veo la preocupación en tu cara, la ansiedad en tu corazón, las ridiculeces que buscas en Google. Está bien, es parte del proceso. Sé que crees que tu vida no volverá a ser la misma, y tienes razón —nunca lo será. Será mejor aunque más dura, una verdad que no entenderás del todo hasta que esa criatura de tres kilos y pico esté en tus brazos. 

Sólo te saco unos añitos, pero te digo una cosa: He aprendido más sobre la maternidad en estos dos últimos años que en los 25 años antes de aquel primer test de embarazo positivo. Y aunque tenga mucho que decirte, pequeños consejos y ánimos que ofrecer, sé que nunca comprenderás del todo nada de lo que digo hasta que ese bebé esté aquí. Y aún así, no me puedo controlar y esto es lo que tengo que decirte:

Serás diferente. Verás partes de tu cuerpo como irreconocibles, sólo por el hecho de que de repente otro ser humano depende de ti para todo. Te entrará ansiedad, te preocuparás, te sentirás sobreprotectora como nunca te sentiste antes. Querrás tu espacio y a la vez no lo querrás porque lo que quieres es estar sola pero sin tener que dejar el bebé con otra persona. Descubrirás esa madre que llevas dentro y ese instinto que ha estado escondido en tu corazón todo este tiempo. Y se desmoronará todo y te darás cuenta de lo dura, desastrosa pero gloriosa que es la maternidad. Aprenderás a amar intensamente y sin expectativas. 

Tu cuerpo será diferente. Algunas partes serán más grandes mientras otras menguarán; es raro, milagroso y confuso la mayoría del tiempo. Habrá días que odies tu cuerpo y días que te encante. Acéptalo. Cuando tengas días de bajón, date una ducha y sécate el pelo. Cómprate unos vaqueros cuando estés preparada para ponértelos otra vez. Y de los caros. Recuérdate a ti misma que tu cuerpo ha creado y alimentado a un humano, y que esas estrías apenas visibles son marcas de guerra bien merecidas.

Tu matrimonio será diferente. Tú y tu pareja os vais a ver con otros ojos: como con un microscopio recién estrenado de triunfos y derrotas. Uno de vosotros será “el despreocupado” y el otro “el que se preocupa demasiado” —aprenderéis con el tiempo a quedaros en el medio. Confiareis en vosotros como nunca habéis confiado en otra persona, y aprenderéis a quereros como padres, que es un tipo de amor diferente. Vuestras citas nocturas serán escasas. Vuestra vida sexual se reducirá. Paciencia, paciencia, paciencia. Te verás tentada a llevar la cuenta de todo: el número de veces que te has levantado a mitad de la noche, el número de pañales que has cambiado, quién lavó los platos la última vez, y quién trabaja más duro. Escúchame, mamá. Llevar la cuenta de todo no funciona en tu matrimonio. Tira esos resultados a la basura. Lo mejor que puedes hacer por ti y por vosotros es decir “gracias” y “te quiero” todos los días. Sé agradecida, aprecia las cosas, honraros el uno al otro. Es más fácil decirlo que hacerlo, pero créeme: los dos lo necesitáis ahora más que nunca.

Tu casa será diferente. Te agobiarás con frecuencia por el desorden, las montañas de platos sucios, las superficies pegajosas y las migas. Pero un día habrá un caminio de cheerios en el suelo marcando dónde ha estado tu bebé y qué ha visto, y te darás cuenta de que esos cheerios hacen que tu casa sea tu hogar más que un ramo de flores, y la epifanía te hará reír. Un día tu hijo correrá en pijama por el pasillo y querrás capturar ese sonido en una botella para la eternidad porque no hay un sonido mejor con el que levantarse (excluyendo el de la cafetera). Tu casa estará más desorganizada, más caótica y menos propicia para hospedar a alguien, pero te encantará cien veces más porque ahora es más hogar que nunca.

Tu vida entera será diferente. Todos los días te levantarás con la responsabilidad de querer a un niño sin medida. Afectará todas las decisiones que tomes, todos los pensamientos que tengas, cada fibra de tu existencia. Poco a poco aprenderás a dejar de lado el control y las expectativas, un proceso que practicarás todos los días de tu vida con hijos. Empezarás a ver el mundo como madre—verás el amor y la humanidad con otros ojos que te cambiarán y moldearán.

Se llenará un vacío que no sabías ni que existía. ¿Recuerdas la primera vez que viste un amanecer? ¿La primera vez que tus pies sintieron la arena?  ¿La primera vez que probaste el chocolate? Probablemente no; eras demasiado joven para recordarlo. Cinco minutos antes de que tuvieras esas experiencias sólo estabas de paso, pensando lo guay que era la vida. Pero después, viste ese precioso amanecer naranja y sentiste la arena caliente entre los dedos de los pies, y saboreaste ese trozo delicioso de chocolate, y supiste que la vida acababa de hacerse incluso mejor que antes porque acababas de experimentar magia. Y la maternidad es como eso, pero un millón de veces mejor.

Así que sigue comprando, mamá. Se te acaba de caer una palomita en el canalillo pero no pasa nada, nadie te ha visto. Y recuerda lo que te dije de las toallitas: Nada de eso importa.

Originally written in English: A letter to my pre-mom self, on Coffee+Crumbs, a blog about Motherhood that I highly recommend.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s