Educación·Reflexiones

La memoria: Qué, cómo y cuándo recordamos.

¿Qué recuerdas de tu infancia? Probablemente, no mucho. Si te dijeran que naciste a los 3 años, te lo creerías, porque antes de eso… no tienes recolección de ningún evento en tu vida. ¿O sí?

¿Recuerdas tu primer cumpleaños? Sí, aquel en el que tu madre se flipó con la decoración, hizo una tarta que no pudiste comer y la mayoría de invitados te sacaban 20 años. Pues no… Pero eso no significa que no tuvieras memoria. Sí la tenías, aunque diferente a la memoria de un adulto.

Desde el tercer trimestre del embarazo ya tenemos desarrollada la memoria (Ej.: reconocemos la voz de mamá, olores, etc.) pero al nacer y durante los primeros años, nos falta por desarrollar lo que los expertos asocian al contexto de las situaciones (no sabes que tú eres el protagonista del momento); a reconocerse a uno mismo (han hecho varios estudios donde los niños que se reconocían frente al espejo eran los únicos capaces de encontrar un juguete que ellos mismos habían escondido minutos antes… los demás no recordaban dónde lo habían dejado); y a la conciencia del tiempo (de pequeños no tenemos referencias temporales y no distinguimos el ayer del mañana del año pasado o del luego). Probablemente a tu pequeño ya se le olvidó lo que hizo este fin de semana… pero con el tiempo el cerebro madurará hasta un punto en el que dándole pistas sabrá recuperar parte de la información (Ej.: ¡Dile a los abuelos lo bien que te lo has pasado en la piscina!). Si fue importante para ellos, lo recordarán, aunque no les dure mucho…

Todos los recuerdos de la infancia están relacionados con momentos de máxima felicidad, de tristeza, de miedo… Momentos que nos marcaron y que catalogaríamos como situaciones importantes. Pero todos esos episodios de nuestro pasado no permanecerán hasta que nuestro cerebro comience a desarrollar una memoria a corto plazo (ese momento en que los bebé reconocen a los familiares, o cuando asocian el carrito con salir a dar un paseo, etc.). No se sabe si tienen memoria consciente porque al no hablar no pueden demostrarlo… pero a partir del año empiezan a desarrollar una memoria explícita que les ayudará a reconocer lugares.

A los 2 años tienen la habilidad de almacenar imágenes como recuerdos (memoria visual, al principio más potente que la verbal, aunque se perderá cuando empiece a adquirir más vocabulario), más que palabras en sí. Sin embargo, con el tiempo almacenará momentos que le hicieron sentir bien, aunque no se acuerde de ellos individualmente. Y es que nuestra identidad personal viene determinada por lo que aprendemos y lo que recordamos. Se quedará con las emociones, lo que cada situación le hizo sentir, y esto será lo que funde su manera de actuar (Ej.: Querrá quedarse con sus abuelos porque sabe que le hacen sentir bien pero no específicamente porque recuerde todos los mimos, helados, regalos y tardes en el parque en particular.).

Existen los malos recuerdos, claro que sí. La primera vez que llevé a mi hijo a vacunar, entró sonriendo a las enfermeras, hasta que le pincharon y se acabó la gracia. Dos meses después, sólo hizo falta ver de lejos una bata blanca para que el pobre empezara a llorar… Desde luego que recordaba lo mal que se lo hicieron pasar por unos cuantos segundos. Otro momento del estilo fue llevarle a la peluquería. De hecho era una barbería. No le gustó nada las tijeras cerca de su cabeza y la peluquera, acostumbrada a tratar con clientes adultos, se las vio y deseó para cortarle el pelo, entre lloros y pataleos. Según los expertos, para que estas malas experiencias no ocupen una parte de la memoria, tendrán que ser superadas y no olvidadas. La siguiente vez que le llevamos a cortar el pelo, fuimos a una peluquería de niños con dibujos animados en la televisión, cochecitos en vez de sillas y peluqueras jóvenes con mucha paciencia que además, le ofrecieron una piruleta. Al principio no le hizo mucha gracia la idea, pero luego vio que su mala experiencia se había convertido en algo divertido.

Según un estudio por Brenda Milner, “Los recuerdos explícitos o conscientes (memoria semántica y episódica) y los implícitos o inconscientes (hábitos), se procesan y almacenan en diferentes áreas del cerebro. A corto plazo, la memoria explícita se almacena en la corteza prefrontal. En el hipocampo se produce la transformación a memoria de largo plazo (parte del cerebro aún no desarrollada en los niños menores de 3 años, por eso no son capaces de retener episodios de su vida por mucho tiempo) y luego los recuerdos se almacenan en distintas zonas de la corteza correspondientes a los sentidos (los recuerdos de imágenes visuales se almacenan en la zona de la corteza visual).

tipos de memoria en el cerebro

Personalmente, guardo un par de memorias de cuando era pequeña (alrededor de los 5 años, calculo): Una vez, jugando a las “cocinitas” en el balcón de la casa en Madrid donde solíamos vivir, se me cayó un plato a la calle y mi madre (ahora sé que lo hizo por no bajar los 4 pisos sin ascensor), me dijo que se lo había llevado un gato. Otro recuerdo fue haciendo judo, me enfadé y le mordí a una compañera en la pierna… La dejé un moratón y me sentí fatal. O cuando mi abuelo dejó de empujar el columpio donde estaba sentada y no le vi al darme la vuelta: “me había abandonado” (sólo estaba orinando detrás de un árbol, el pobre hombre no podía aguantarse). Parece que de pequeña sólo tuve momentos “trágicos” que guardar para la eternidad… Pero para contrarrestar, también recuerdo un cumpleaños en mi casa: mi madre llenó el salón de globos y los explotamos entre mis amigas y yo sentándonos encima con la música de Xuxa de fondo. Ahhhh… Me encanta acordarme de estas pequeñas cosas. Cuéntame de qué te acuerdas tú 🙂

El momento de narrar con cierto orden razonable una serie de acontecimientos vividos empieza alrededor de los 6 años aproximadamente. Hasta entonces, pincha aquí para ver alimentos que ayudan a revitalizar la memoria, concentración y aprendizaje de tus pequeños, y también para los mayores 🙂

Comparte si te gustó, y hasta la próxima.

Fuentes: SerPadres.  |  iMujer.  |  Mental Floss.  |  Escuela con Cerebro.

No te pierdas este otro post sobre “El cerebro de los bilingües”.

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