Educación·Montessori

Temperamentos: Definirlos y entenderlos.

¡Hola amigos!

El otro día asistí a una conferencia por Megan Eskander (fundadora, directora y profesora en The Montessori House of St Johns de Portland, OR, EEUU), dirigida a padres de alumnos y personal del colegio. Estaba relacionada con los temperamentos de las personas y como siempre está en todo, nos pasó un email con algunos links que nombró durante la conferencia. Lo encontré bastante interesante, así que me he tomado el tiempo de traducir alguna cosilla para compartir esta información con vosotros.

Cuando pensamos en “temperamento”, la mayoría de nosotros tendemos a centramos en “el mal carácter de las personas”, pero su correcta definición es:

Temperamento: el carácter, manera de ser y tendencias de un individuo obtenidos en sus reacciones.

¿Por qué mis hijos son tan diferentes si les hemos criado igual, los mismos padres y bajo el mismo techo? Describimos los rasgos de la personalidad mediante la comparación de la gente pero, ¿y si analizamos al individuo por separado? Hay varios tipos de desarrollo de la personalidad:

  1. Universal: Designa el desenvolvimiento armónico de la riqueza espiritual, de la pureza moral y del perfeccionamiento físico en el hombre.
  2. Contextual: Cómo un mismo hecho afecta a la gente de distinta manera, incluyendo la influencia de factores interpersonales, sociales, culturales y étnicos.
  3. Único: Consolidación biológica que la naturaleza determina a través de la genética. Cada persona es diferente por la naturaleza caótica en el que el cerebro organiza las sinapsis, y única en su adaptación al medio.

En la conferencia, Megan nos mostró este vídeo de David C. Rettew sobre el temperamento de los niños. Está en inglés y dura 10 minutos, pero os haré un breve resumen: Algunos niños tienen tendencia a sentirse irritados, mientras que otros parecen más calmados. A algunos niños les encanta estar rodeados de ruido, gente y actividad, y otros prefieren tranquilidad o incluso soledad. A algunos se les ve las emociones desde lejos y otros no las muestran en absoluto. Un 50%-60% del temperamento de un niño está en sus genes, pero hay otros factores, como el ambiente que les rodea, que también juega un papel importante en la personalidad. Por lo tanto, podemos intentar cambiar al niño para que su temperamento encaje en el medio; podemos cambiar el medio para que encaje con el temperamento del niño; o podemos quedarnos quietos y ver cómo su temperamento y el mundo encajan sin ninguna mediación.

¿Qué términos, más allá de los ofrecidos en el lenguaje de todos los días, deberíamos utilizar para describir a la gente? En cuanto a los rasgos, factores o características de la personalidad, podemos centrarnos en varias actitudes:

  • Nivel de actividad.  Pregúntate a ti mismo: ¿Consideras a tu hijo activo? ¿No para de moverse o está más bien quieto todo el rato? ¿Salta por la casa o juega tranquilamente? ¿Qué pasa si está sentado mucho rato o si ha andado mucho? Nos hace pensar en adjetivos como hiperactivo, animado, inquieto… y por otro lado, pausado, calmado, inactivo.
  • Conocimiento de los sentimientos. Pregúntate a ti mismo: ¿Es consciente de sus emociones? ¿Me dice cómo se siente? Cuando alguien está triste o le duele algo, ¿lo nota y se preocupa? ¿Se enfada cuando está triste o asustado? ¿Intenta ayudar a quien se encuentra mal? Algunos niños intentan ayudar a otros, y otros que ni se dan cuenta de que están molestando a alguien. Aquí, pensamos en adjetivos como empático, compasivo, amable, sensible, atento… y por otro lado, egoísta, firme, indiferente, insensible.
  • Fuerza expresiva. Pregúntate a ti mismo: ¿Cómo expresa mi hijo sus sentimientos, deseos y opiniones? ¿Tengo que adivinar qué le pasa? ¿Es el centro de atención? ¿Le gusta decirle a otros qué hacer y cómo hacerlo? ¿Qué pasa cuando le gusta algo o alguien? ¿Y si quiere algo? Hay niños que lloran cuando quieren algo, y otros que saben cómo expresar lo que quieren con palabras. Los adjetivos aquí serán: calmado, pasivo, discreto, moderado, tímido, modesto… y por otro lado, persuasivo, mandón, teatral, desmesurado…
  • Sensibilidad a los sentidos. Pregúntate a ti mismo: ¿Cómo reacciona a los ruidos o a una luz muy brillante? ¿Qué pasa si come algo que no había probado antes? ¿Y cuando le toco o abrazo? Si algo huele mal, ¿lo nota? Puede  haber niños que se muestren molestos ante estas situaciones, y otros que no les afecte en absoluto (Ej.: niños que pueden dormir con luz y/o ruido). Aquí, pensamos en adjetivos como sensible, nervioso, susceptible, dramático… y por otro lado, desinteresado, mimoso, sobón…
  • Persistencia. Pregúntate a ti mismo: ¿Cuánto tiempo le dedica mi hijo a desarrollar y acabar una tarea? ¿Se sienta hasta que ha terminado? ¿Empieza a hacer algo y cambia de actividad a los pocos minutos? ¿Qué pasa si le pido que pare de hacer algo? ¿Continúa haciendo algo aunque sea difícil, o se rinde fácilmente? Algunos niños tienen problemas en aceptar un “no” por respuesta. Los adjetivos que nos vienen a la cabeza son terco, difícil, caprichoso, cabezota, inalterable… y por  otro lado, flexible, adaptable,  cooperativo.
  • Capacidad de distracción. Pregúntate a ti mismo: ¿Presta atención? ¿Pausa con frecuencia lo que está haciendo? ¿Qué pasa si está haciendo algo y de repente oye un ruido? Cuando se pone nervioso, ¿puedo que piense en otra cosa para que se le pase? Dedicamos adjetivos como atento, concentrado, cuidadoso, preciso, ingenioso… y por otro lado, distraído, impulsivo, observador…
  • Habilidad para aceptar un cambio. Pregúntate a ti mismo: ¿Qué pasaría si tuviera que cambiarse de colegio o si viniera alguien nuevo a casa a cuidarle? ¿Es amigable con gente nueva? ¿Qué pasaría si nos mudásemos de casa? Si cambiásemos las cosas de sitio en su habitación, ¿le molestaría? Hay niños que disfrutan de los cambios y otros que prefieren dejarlo todo “familiar”. Esto nos lleva a pensar en adjetivos como amigable, aceptable, aventurero, flexible, extrovertido… o por el contrario, introvertido, tímido, prudente, inflexible, cauteloso, precavido, miedoso.
  • Necesidad de tener una rutina. Pregúntate a ti mismo: ¿Necesita mi hijo hacer lo mismo todos los días a la misma hora? ¿Qué pasaría si tuviera que irse a dormir antes o después de “su hora”? ¿Tiene un vaso o plato favorito? ¿Prefiere comer lo mismo? Hay niños que se molestan cuando el día es diferente de lo normal y otros que no notan ningún cambio o que incluso disfrutan de hacer algo diferente. Los adjetivos para estos niños son, por un lado, ordenado, organizado, disciplinado, consistente, inalterable… y por otro lado, impulsivo, flexible, impredecible, se aburre fácilmente.
  • Humor habitual. Pregúntate a ti mismo: ¿Qué humor tiene mi hijo normalmente? ¿Se ríe o sonríe mucho? ¿Ve lo positivo o negativo de lo que ha pasado? ¿En general está serio? Cuando algo va mal, ¿le da la espalda a la decepción? ¿Juega contento con otros o prefiere jugar solo? Hay niños que hacen amigos fácilmente y otros que les cuesta permanecer contentos. Los adjetivos a los que podríamos referirnos son feliz, alegre, animado, positivo, entusiasta, bromista… y por otro lado, reservado, negativo, serio, infeliz.

Bueno, ahí van un montón de palabras para mejor describir a vuestros hijos (o incluso a vosotros mismos, vuestras parejas, o compañeros de trabajo, etc.). Es fácil etiquetar a alguien como alegre o triste, atento o distraído, fácil o difícil (o bueno, hay otros niveles como Hipócrates, que dividía los temperamentos en sanguíneo, colérico, melancólico y flemático…), pero siempre está bien poder ampliar nuestro abanico de vocabulario para definir a una persona más a fondo. Y no sólo eso, sino ver virtudes donde normalmente vemos defectos.

Como decían en el vídeo, los niños necesitan adaptar su temperamento a las circunstancias. ¿Qué podemos hacer para ayudarles? Podemos empezar por darnos cuenta de las pequeñas cosas que hacen a nuestro hijo especial. Nuestro objetivo no es sólo adaptar su temperamento para que le ayude a hacer amigos, o a involucrarse mejor, sino también ayudarle a estar cómodo con quién es, con todo lo que ello conlleva. Debemos centrarnos en tener empatía por sus sentimientos y necesidades sin olvidarnos de expresar los nuestros. Y para mostrarles cómo dirigir sus emociones, necesitamos saber cómo gestionar las nuestras propias (diferente para gente extrovertida y gente introvertida, de lo cual hablaré otro día). ¿Qué haces tú para liberarte del estrés del momento? ¿Cómo diriges tus emociones?

Bibliografía: “Teorías de la Personalidad” by Susan C. Clonninger. | Who Is My Child: Understanding Temperament.

 

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